Experiencia Galería Punto

Galería Punto surgió como uno de los tantos espacios culturales que buscan difundir el arte contemporáneo fuera del circuito artístico establecido. Esta, construida como un laboratorio de exploración, no dejó de resistir y confrontar hasta su final.

La experiencia de Galería Punto (Villa Ballester, Provincia de Buenos Aires), es un tema del cual me gustaría hablar para evidenciar la lucha constante de quienes buscan llevar el arte afuera, traer al público a dentro y romper con las limitaciones entre el espacio y el individuo, lo cual se relaciona con el hecho de repensar uno de los tantos lugares comunes en el arte: el ámbito de lo privado y lo público.

En esta era que se alimenta de las redes y el poder del usuario en tanto crea contenido difundiéndolo a nivel global, emerge una nueva percepción del sujeto que dado a estas características propias de la contemporaneidad, pasa a ser proactivo, produce y consume, consume lo que crea, conoce y desconoce información recortada -editada.

Al dar por sentado que esto era una obviedad, decidimos con sus dueñas Mara Verena, artista recientemente seleccionada en la Bienal de Arte Joven, y Marina Castro, artista plástica y diseñadora gráfica, hacer una serie de proyectos en Punto, que involucre directamente al transeúnte para evidenciar la participación activa del espectador y su rol co-fundador de nuevos sentidos.

Primero, realizamos un ciclo de performance con un fuerte contenido social. Al tener como frente una vidriera, nuestro propósito era la interacción entre un público que no decidía ser público y el artista. Generar un cierto extrañamiento (como diría Brecht) que produzca pensamientos laterales-alternativos.

Como resultado, la mayoría de las personas creían estar frente a locxs, ya que desconocían el concepto de "performance", y tampoco creían que sea una obra de teatro por la falta de distanciamiento físico entre el espacio público y el privado.

Pero sí hubo muchos que comenzaron a cuestionarse los límites de su realidad y a creer en otras prácticas artísticas. Ese acontecimiento fue sorprendente, porque refleja el poco alcance de lo que algunos, y me incluyo, pensamos que ya está instalado cuando la verdad es que hay un gran porcentaje de individuos que desconocen lo que está más allá de Pablo Picasso y Salvador Dalí.

Al darnos cuenta de estas reacciones decidimos cuál sería nuestro próximo paso, hacer un happening con el objetivo de disolver esta barrera entre un objeto tradicionalmente visto como un medio de apreciación y de mercado, donde la función del espectador era meramente contemplativa, para convertir a cada uno de los que caminaban por una calle empedrada, en parte de la obra, que estos sientan la acción en carne propia.

De tal manera, convocamos a la gente a través de volantes con una estética política y teniendo de titular "Levantamiento", explicando y pidiendo su apoyo para elevar con sogas hasta el techo la pieza site-specific de Matías Piñero, la cual estaba constituida por 4 mesas redondas de madera unidas de forma circular. Aquí la obra era la espera de un posible usuario, la ansiedad, la acción misma de elevar y la glorificación de ver cómo afecta al otro la experiencia de ser parte de una supuesta tensión, incomodidad y compañerismo colectivo.

En consecuencia, desgraciadamente la mayoría de las manos que ejercieron fuerza para llevar al techo 4 mesas eran de artistas, curadores y alguna que otra persona asidua a la galería.

Varios meses después Punto cerró.

Esta experiencia laboral, fue más que eso, para mí era un desafío caprichoso y alarmante. Se trataba de un intento constante de hacerle llegar un poco de arte contemporáneo a esas personas que a falta de conocimiento de su existencia, no se interesaban.

Y a la conclusión que llegué, es que no hay culpables, esto no es malo ni bueno, pero la imagen social de instituciones culturales muchas veces puede ser dura para aquellos que se sienten atraídos recientemente por el arte. Puede que, de alguna manera, la solución más gratificante sea operar como todo artista que ha intervenido el ámbito de lo público, acercar los proyectos expositivos a la calle, a la confitería en la que suelen tomar un café antes de entrar al trabajo, la esquina donde esperan al colectivo o cada boca de subte.

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